Stuttgart: mil cosas que contar

Saturday, November 05, 2005

Traurig

Así me pasé gran parte de la primera semana de noviembre, pero sin saber bien el motivo. Quizá porque llevo aquí 2 meses y aunque lo estoy pasando genial echo de menos la gente y las cosas de allí, o porque se avecinaban esos días en los que a algún tío inteligente se le ocurrió decir que nos preguntamos acerca del olor de las nubes…
El caso es que la semana pasó sin mayor trascendencia, y pocas cosas hay que contar. Como el blog lo tenía un poco abandonado, aproveché para escribir algo y cambiarle la fecha, como hago siempre, jajajja.
El fin de semana fue tranquilo también, como el resto de la semana. Además, faltó mucha gente por Allmandring, sobre todo de mis amigos. 3 de los ICAIs en España, Manu con visitas, Agata en Holanda de excursión de arquitectos, y el resto de la gente sin muchas ganas de hacer nada.

El caso es que el viernes preparamos una cena conjunta en casa de Anabel, pero esta vez, para que no hubiera uno que cocinara y otro que comiera, cada dos o tres prepararon un plato, y luego los juntamos todos en la cocina a la hora de cenar. La cena estuvo muy variada: ensaladilla rusa, huevos rellenos, albóndigas con queso, pan Tumaca, ensaladas, queso con cebolla caramelizada, etc….

Después de la cena, Hugo y yo improvisamos cantando las canciones que sonaban y tocando percusiones, y finalmente acabamos todos bailando en la cocina sin parar.

El sábado nos acercamos a Ludwigsburg, un pueblo al lado de Stuttgart que tiene un palacio bastante grande e importante, el Residenzschloss. Dimos una vuelta por el casco antiguo del pueblo, vimos el palacio desde la puerta, y nos hicimos un book de fotos en el parque que había enfrente, con un paisaje muy otoñal. A la vuelta a Stuttgart, muertos de frío, visitamos Bad Cannstad, uno de los barrios de la ciudad, que antiguamente era un pueblo con ayuntamiento propio y todo. Después de pasear por la calle principal, que ya estaba decorada para la Navidad, vimos la casa más antigua de Stuttgart. Unas fotos al río, y corriendo al U-Bahn, que lo cogimos por los pelos.
Por la noche, tranquilamente, como toda la semana, cenamos otra vez las sobras del día anterior, jajaja, y nos quedamos de charla. Lo que empezó siendo una tertulia de lo más tranquila acabó resultando una conversación filosófica rallando lo espiritual…. Cada uno con sus ideas, pero al final todos amigos, que es lo que importa. Con conversaciones como estas estoy descubriendo que a Hugo le encanta comerse mucho la cabeza….;)
Al final, con toda la discusión, nos acabamos acostando tan tarde como si hubiéramos salido de marcha, sólo que fue algo diferente a lo que se acostumbra en Allmandring.

El domingo, comida en casa y peli. No habíamos forzado el resto de días, no lo íbamos a hacer entonces….

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